El suelo era oscuro, como un cristal opaco y brillante; y las paredes mezclaban paneles rojos y negros. En aquella sofisticada sala había dos ascensores, uno frente a otro que se abrieron a la vez. Yo iba sola y frente a mí, en el otro ascensor, estaban ellos. No sé de donde subían, ni siquiera puedo saber de donde volvía yo, pero los tres vestíamos de etiqueta. Él llevaba un smoking y ella un espectacular vestido negro que realzaba más que nunca su atractivo. Enfrente estaba yo con un smoking de raso sin pajarita porque la camisa se me abría hasta el escote, y un bastón negro.
Ella: Siempre lo hace... pero hoy ha subido radiante, tanto como nosotros. - le advirtió - ¡No te muevas! - dijo mientras me fotografiaba.
Es posible que los tres subiéramos del mismo lugar. En todo caso, las sonrisas con las que nos comunicábamos dejaban ver que esa noche habían pasado cosas para contar. Sólo nos encontramos al final de todo, cada uno planteó su historia como quiso. Lo único que nos unió fue un mismo espacio y una telepatía cósmica que se activó cuando sentimos que ya había pasado todo lo que tenía que pasar. Nos encontramos en dos ascensores paralelos, amanecía y salimos de la sala. Ella en medio, él a su izquierda y yo a su derecha.
No hay comentarios:
Publicar un comentario