"(...)Un incesante dolor se convierte en un pensamiento que se apodera de nuestro espíritu y de nuestra memoria. Si el recuerdo doloroso se vuelve insoportable y llega hasta a dominar al individuo, la naturaleza angustiada se abisma en la locura."
Schopenhauer.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Melodías, lecturas y visualizaciones del 2011.

Cuando recordar es conectarse con las emociones. No recordamos los momentos, sólo la emoción que nos dejó el mismo. Los momentos fueron buenos o malos en función de cómo los captamos y la predisposición a disfrutarlos, o no, que tengamos ante ellos.
Lo único que no podemos olvidar es el olor y el sabor de las cosas porque son más tangibles que las emociones.  Aún así, se guardan sensaciones en otros lugares. 




Melodías 2011.


Lecturas 2011.

APOLOGÍA DE SÓCRATES (Platón, III a. C)
CRITÓN (Platón, III a. C)
EL BANQUETE (Platón, III a. C.)
LOS DOLORES DEL MUNDO (Schopenhauer, XIX)
HISTORIA UNIVERSAL DE LA INFAMIA (Borges, 1935)
LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER (Kundera, 1984)
NUNCA ME ABANDONES (Ishiguro, 2005)
PYONGYANG (Delisle, 2003)
EL PALACIO DE LA LUNA (Auster, 1989)
NOCILLA DREAM (Fernández Mallo, 2006)
VIDA LÍQUIDA (Zygmunt Bauman, 2006)
TIEMPOS LÍQUIDOS (Zygmunt Bauman, 2007)

Visualizaciones 2011.

SCARFACE (de Palma, 1983)
ORDET (Dreyer, 1955)
SALÓ, O LOS 12O DÍAS DE SODOMA (Pasolini, 1975)
BARRY LYNDON (Kubrick, 1975)
LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO (Dreyer, 1928)
PERSONA (Bergman, 1966)
ARREBATO, (Zulueta, 1979)
EL COCINERO, EL LADRÓN, SU MUJER Y SU AMANTE (Greenaway, 1989)
REPULSIÓN (POLANSKI, 1965)
LA CHICA DE LA FÁBRICA DE CERILLAS (Kaurismäki, 1990)
EL COLOR DE LA GRANADA (Parajanov, 1968)
EL BRILLO Y LA NOCHE (Resnai, 1955)
HAROLD & MAUDE (Ashby, 1971)
ANNIE HALL (Allen, 1979)
BLUE VELVET (Lynch, 1986)
PINK FLAMINGOS (Waters, 1972)






viernes, 30 de septiembre de 2011

Diálogos


2010.


E: Sólo me quedan tres balas.
Ir: No importa, nos cargaremos a todos los que podamos. Para que los mate él, los matamos nosotras.


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S: Sé perfectamente dónde está enterrado mi perro. Recuerdo muy bien donde lo dejamos mi padre y yo. ¿Quieres que lo traigamos? ¡Lo pongo encima de la mesa!
Ir:¿Me estás pidiendo que exhumemos a tu perro?


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2011


A. Eme: Cuando salió la peli de Pocahontas me empezaron a gustar las princesas disney. Me sentí identificada.
I: Claro, fue la primera vez que hacían una princesita morena de piel y de pelo. 
Ir: Yo nunca me identifiqué con ninguna. Nunca hicieron una princesa gorda, fea y bollera.


viernes, 16 de septiembre de 2011

No hay Posmodernismo en la biblioteca



Le resultaba caro leer. No encontraba libros en la biblioteca; los clásicos ya los había leído y la estantería de "Filosofía" (donde se mezclaban libros de autoayuda con algunas ediciones viejas de Zubiri, Ortega o Platón) se le quedaba pequeña. Tocó fondo cuando no encontraba a Sartre, pero le cayó en gracia a una bibliotecaria (las demás eran demasiado marujas como para soportar sus extravagancias)que le dejó entrar al almacén para buscar "La Nausea". La encontró, la colocó en la estantería de "Novela", en las signaturas "SAR", y salió de la biblioteca. 

Lo mismo le ocurrió en el videoclub y en la tienda de discos. Hacía buenas migas con los encargados para buscar algo en el almacén, pero sólo eso. Si quería alguna película o algún disco no lo encontraba y la respuesta de los chavales de las tiendas siempre era la misma: "Está descatalogado, lo siento, si puedo encontrar alguna reedición te llamaré". Pero las reediciones no se hacían, y las llamadas no llegaban.

Después de estos episodios, siempre se sentía igual. Dentro de sí se mezclaba desesperanza, melancolía y soledad. De su cabeza desapareció la idea de buscar algo de metaliteratura o absurdo en aquel lugar. Tenía amigos bibliotecarios en otras ciudades y seguramente les pediría algún que otro favor. 

Muchos podían pensar que comprarse el libro que quisiera por internet le ahorraría deletrearle a las bibliotecarias los nombres de los autores que quería leer y las miradas de extrañeza, pero no tenía dinero. De todos modos, aunque tuviera todo el dinero del mundo, la sensación de desesperanza, melancolía y soledad delante del repartidor que le entregaría el paquete con sus libros no desaparecería.  

lunes, 14 de marzo de 2011

Aforismo



"La causa de nuestro dolor, lo mismo que la de nuestra alegría, no tiene como único origen la realidad tangible, sino también el pensamiento, que nos provoca tormentos al lado de los cuales nada son todos los sufrimientos del animal.
Es así que a veces un sufrimiento físico, acompañado de un sentimiento moral, apenas si se siente, o no se siente nada. Y frecuentemente en un violento dolor moral hacemos esfuerzos por atenuarlo con un sufrimiento físico. Nos tiramos de los cabellos, nos golpeamos el pecho o la cabeza, nos arañamos la cara. Estas acciones no son más que medios utilizados para distraernos de un pensamiento insoportable. Por ello, el suicidio se hace más fácil si el que se quiere suicidar está desesperado, o experimenta un pesar enfermizo, mientras que si uno está en un estado dichoso, un pensamiento como ése lo hubiese desechado horrorizado. De este modo nos explicamos que un sufrimiento moral ocasione sucesos terribles e inesperados.
Para nuestra percepción, el dolor asume la proporción de un acontecimiento real. Pero como la mayoría de las veces es limitado, es pasajero y por lo tanto tolerable. Pero un incesante dolor se convierte en un pensamiento que se apodera de nuestro espíritu y de nuestra memoria. Si el recuerdo doloroso se vuelve insoportable y llega hasta a dominar al individuo, la naturaleza angustiada se abisma en la locura."


Los dolores del mundo,  Schopenhauer. 
                                                                                                                             

martes, 1 de marzo de 2011

Fetichismo



Ma quando viene sera
tu mi parli d’amore
e guardandomi negli occhi
mi fai sentire davvero
una donna un po’ porno

Porno Pop Porno Pop Porno
Pop Porno Porno Porno



jueves, 24 de febrero de 2011

El mundo de la piruleta.



Se despertó pensando en el primer dry martini que tomó. Fue lo único que recordaba de aquella noche.

Cuando Matt abrió los ojos vio a siete hombres bajo sus pies. Sólo  identificó sus bombines porque subido en aquella nube no podía ver sus aspectos completos, aunque dedujo que todos vestían trajes negros y, automáticamente, pensó que llevarían camisas blancas, corbatas rojas y zapatos negros.  Estaba hipnotizado viendo los sombreros que correteaban de un lado a otro por aquella amplia pradera. No podía dejar de mirar, además estaba tranquilo porque sabía que en la nube nadie le descubriría.

Miró hacia su derecha, fijándose en dos tipos con bombín que estaban en la orilla de un lago inmenso. Pescaban y decidió sentarse en la nube a observarlos. Dejó colgar sus piernas y el aire fresco se le colaba por los bajos de su pantalón gris. Estaba descalzo. Miró sus calcetines morados con líneas grises que dibujaban rombos, le resultaban tan interesantes como sus tirantes y su camisa blanca. Pero no alejó su atención de la orilla del lago y cuando la caña de uno de los tipos con bombín se sacudió con fuerza se sintió expectante. Sacaron la captura. Empezó a dudar de sus ojos al ver que de la caña no colgaba un gran pez, sino un maletín marrón de piel. Los tipos se alegraron, armando tal escándalo que muchos se acercaron a ver qué les ocurría. Todos estaban felices, se abrazaban, pero ninguno se atrevía a abrir el maletín.  A Matt le parecía cómico ver a todos los hombrecillos con bombín saltar como niños delante de un trozo cuadrado de piel. Aquella escena le recordó a las películas de cine mudo. Finalmente, abrieron el maletín y de allí empezaron a salir más hombrecillos con bombines negros. Corrían como locos, transmitiendo una euforia que contagiaba a todos, incluso a Matt que empezó a saltar en su nube.

De repente, mientras saltaba, notó que algo se le acercaba por la espalda. Volvió la cabeza y vio un hombrecillo subido en un cohete que volaba superrápido por el cielo. Sin pensarlo, Matt se tiró a la superficie de la nube  para evitar que le llevara por delante. Le sorprendió que volando a tal velocidad, el hombre no perdiera su bombín. 

Volvió a mirar hacia la pradera, esta vez en dirección contraria al lago. Localizó a otros dos hombrecillos junto a un árbol con una rama muy larga y gruesa. Matt pudo deducir que hablaban sobre la rama, pues los gestos de éstos se dirigían a esa parte del árbol. Siguió observándolos. De los bolsillos de sus chaquetas, aparentemente vacíos, empezaron a sacar unas cuerdas larguísimas que adaptaron a la rama para hacer dos columpios. Los hombrecillos empezaron a columpiarse cogiendo cada vez más y más impulso hasta acabar girando alrededor de la rama.  

Matt pasó mucho tiempo mirando el movimiento circular de los columpios, pero de pronto sintió que algo atravesaba su nube y chocaba contra su estómago. Miró hacia abajo, viendo al hombrecillo del cohete junto a un bastón que desde el suelo había llegado a su nube. Por un momento, todos los hombrecillos se pararon y miraron a Matt. Le habían descubierto, pero fue algo que no les incomodó y rápidamente todos volvieron a sus entretenimientos; incluso los que estaban en los columpios. Matt  comprendió que en aquel lugar no hacían falta las leyes de la racionalidad y, sin saber si el bastón era seguro para descender hasta la pradera, se decidió a bajar. Allí le esperaban un bombín y un par de zapatos negros. 


jueves, 27 de enero de 2011



No estábamos en los años 70, básicamente porque todavía no habíamos nacido. Aún así, el escenario era un tributo total a las carreteras y a los desiertos de las pelis americanas de los 70. Puede que estuviéramos en una carretera de Texas, de Arizona, de Nuevo México, o puede que en una carretera de Nevada de camino a las Vegas, no lo sé. Lo cierto es que era un paisaje desértico americano, de esos en los que sólo hay asfalto, tierra seca y plantas rodadoras. ¡Sí, eso es! estábamos en el arcén de una carretera americana. Tampoco sé por qué estábamos allí ni cómo habíamos llegado. 

La combinación de colores era preciosa: la tierra seca amarillenta se abría en el horizonte y se difuminaba con el azul del cielo que se equilibraba con algunas nubes blancas horizontales. Y allí, justo en medio de ese desierto se extendía una carretera larga y recta, pero como ya he dicho, todo ocurrió en el arcén; bueno, más bien en la extensión de desierto, aunque a una distancia próxima al asfalto. 

No pasaban coches, no había nada, sólo una silla, una mesita con dos magnum 44* y un vaso de agua, y nosotras. Yo estaba al lado de la mesita, justo delante de la silla y no podía dejar de mirar la imagen que apareció en el horizonte. Frente a mí, y de espaldas a la imagen, estaba ella; seria, tranquila y sudando. Se dio cuenta de la imagen que yo estaba viendo y empezó a sentirse incómoda. Miraba con mucha tensión las pistolas. Cogí una, se la di y empezó a correr desesperada hacia la imagen del horizonte. Me senté en la silla y vi como corría hacia un mueble de madera clara con dos estanterías, un par de puertecitas, tres cajones en línea y cinco en columna. Nada decoraba el mueble, excepto dos jarras de cerveza grandes y vacías. Avanzaba desesperada a por las jarras, levantando una estela de polvo desértico enorme. Agarré mi magnum 44 y apunté. 


- ¡¡No te servirá de nada seguir corriendo!!- Le grité.


El polvo que levantaban sus zancadas era denso, pero me dejaba ver su cabeza y las dos jarras vacías. Ella corría cada vez más rápido, pero no llegó a tiempo. Disparé y pudo sentir cómo el proyectil pasaba por su oreja derecha hasta reventar una jarra. Estaba muy cerca del mueble, estiraba sus brazos para alcanzar la otra, pero volví a disparar y otra bala pasó cerca de su oreja, ahora de la izquierda, y "chassshh"... algunos cristales se clavaron en su cara y empezó a sangrar. Cayó de rodillas al suelo, justo delante del mueble y empezó a llorar. Volvió la cara para mirarme y apreté el gatillo.


Del suelo seco empezó a crecer hierba que tapó los cristales rotos y sus lágrimas. Ella podía sentir el frescor del suelo en sus rodillas, pero delante tenía un mueble vacío y detrás me tenía a mí con un tiro en la boca.  No le hizo falta usar la magnum 44 que le presté. 


*Con magnum 44 me refiero al revólver S&W model 29 con cañón de 214 mm. 



martes, 18 de enero de 2011

Noche Azufaifa



El suelo era oscuro, como un cristal opaco y brillante; y las paredes mezclaban paneles rojos y negros. En aquella sofisticada sala había dos ascensores, uno frente a otro que se abrieron a la vez. Yo iba sola y frente a mí, en el otro ascensor, estaban ellos. No sé de donde subían, ni siquiera puedo saber de donde volvía yo, pero los tres vestíamos de etiqueta. Él llevaba un smoking y ella un espectacular vestido negro que realzaba más que nunca su atractivo. Enfrente estaba yo con un smoking de raso sin pajarita porque la camisa se me abría hasta el escote, y un bastón negro. 

Él: ¡¡¡Jajajajaja!!!- reía y fumaba

Ella: Siempre lo hace... pero hoy ha subido radiante, tanto como nosotros. - le advirtió - ¡No te muevas! - dijo mientras me fotografiaba.

Es posible que los tres subiéramos del mismo lugar. En todo caso, las sonrisas con las que nos comunicábamos dejaban ver que esa noche habían pasado cosas para contar. Sólo nos encontramos al final de todo, cada uno planteó su historia como quiso. Lo único que nos unió fue un mismo espacio y una telepatía cósmica que se activó cuando sentimos que ya había pasado todo lo que tenía que pasar. Nos encontramos en dos ascensores paralelos, amanecía y salimos de la sala. Ella en medio, él a su izquierda y yo a su derecha.